Importancia de las opciones de cambio de postura en una silla de ruedas

Silla de ruedas basculante delante de una playa

Disponemos de muchos estudios sobre sillas donde pasamos mucho tiempo sentados, como las sillas de oficina. Somos conscientes de las ventajas que tiene una silla de oficina con posibilidades de cambio de postura, si tiene reposabrazos regulables, o incluso si tiene reposacabezas. Pero parece que todas esas ventajas no siempre se tienen en cuenta cuando hablamos de una silla de ruedas en la que la persona es posible que permanezca sentada tantas horas o más que alguien que trabaja en una oficina, y con un cuerpo que ya parte en situación de desventaja.

A lo largo del día utilizamos diferentes asientos, con formas diferentes de acuerdo a la actividad de hacemos: una silla para comer tiene un respaldo recto, un sillón para descansar tiene un ángulo entre asiento y respaldo mucho más abierto y casi siempre tiene apoyo para la cabeza. Normalmente no nos sentamos en un sillón con el respaldo reclinado para comer porque necesitamos que nuestra espalda y nuestra cabeza estén erguidas para favorecer la deglución, pero cuando queremos descansar, nos vamos al sillón o al sofá.

Con frecuencia, oímos a personal clínico decir que como la persona tiene buen control de tronco, por ejemplo, no es necesaria una silla con posibilidades de reclinación o basculación, pero que es importante que realice cambios de postura. Pero en esta recomendación hay dos errores: El primero, el personal clínico no es el único que debe juzgar qué clase de silla necesita una persona y el segundo, el equilibrio de tronco no es el único factor a valorar al elegir las opciones de cambio de postura en una silla de ruedas.

En la decisión sobre qué silla de ruedas necesita una persona hay que tener en cuenta varias opiniones; la más importante es la del usuario. El usuario sabe cuáles son sus necesidades: cuales son rutinas diarias, cómo es su trabajo, si viaja con frecuencia, si le gusta salir a pasear…

En ocasiones, la persona no puede expresar sus necesidades verbalmente o a través de un sistema de comunicación alternativo; en este caso hay que consultar con sus cuidadores o asistentes, y observar cómo se comporta; Si después de un rato sentada, la persona se escurre hacia delante o hacia un lado, se muestra agitada, su tono muscular aumenta o intenta “escaparse” de la silla, son síntomas que nos indican que puede sentir dolor o incomodidad en alguna parte del cuerpo y necesita cambiar de postura.

¿Pero por qué necesitamos cambiar de postura?

Según la terapeuta ocupacional, Clare Wright MclinRes, BSc(Hons) «la postura humana está influenciada por un número de factores relacionados entre sí:

  • el tono muscular ( alto o bajo)
  • la forma y tamaño del cuerpo (es decir, la altura y el peso)
  • la fuerza de la gravedad
  • la superficie de apoyo (por ejemplo, un terreno irregular, arena, calzado)
  • la tarea que se realiza
  • la cantidad de tiempo en el que se mantiene una determinada postura
  • el estado de salud, el bienestar y el estado emocional.

En resumen, la postura, puede verse como la interrelación entre comodidad, estabilidad y función (incluyendo el movimiento). Ante la falta de estabilidad, la función (por ejemplo, la capacidad de jugar, utilizar dispositivos de comunicación o hacer las tareas escolares) se ve afectada.

Sin embargo, la estabilidad sólo puede lograrse con un cierto grado de comodidad. La función se puede lograr en ausencia de comodidad o con la estabilidad mínima, pero será de corta duración. Por ello, debe alcanzarse el equilibrio entre comodidad, estabilidad y función, dependiendo de la tarea que se realice y del entorno.»

Como terapeutas, estamos muy acostumbrados a hablar de función, pero no siempre se tiene en cuenta la estabilidad, y sobre todo la comodidad.

Esta es la definición de comodidad que da el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española:

  1. f. Cualidad de cómodo.
  2. f. Cosa necesaria para vivir a gusto y con descanso. U. m. en pl. La casa tiene muchas comodidades.
  3. f. Ventaja, oportunidad.
  4. f. Utilidad, interés.

 

Es frecuente oír en los departamentos de rehabilitación: “Hay que esforzarse”, pero el esfuerzo no está reñido con la comodidad. Nuestro propio diccionario reconoce que la comodidad es una oportunidad y una ventaja.

Si la silla consigue una postura adecuada que ofrezca comodidad y evite deformidades y estabilice el cuerpo, será una herramienta muy importante  para conseguir otras funciones. Además, para ayudar lo más posible a proporcionar igualdad en la participación a una persona que permanece en silla de ruedas durante muchas horas, es necesario que esa persona también  pueda tener periodos de descanso a lo largo del día.

Para proporcionar periodos de descanso y otras funciones, como ayudar a evitar el edema en las piernas o aliviar las presiones que soportan las zonas de apoyo del cuerpo hay dos opciones: la primera es levantar a una persona de forma manual o con un producto de apoyo y sentarla en un sillón de reposo, llevarla a cama o colocarla en un bipedestador; la segunda es disponer de una silla de ruedas, que bien de forma manual o eléctrica, presionando una palanca u otro mando, el asiento bascule, se eleven los reposapiés, ponga a la persona de pie…

Hay una gran diferencia de tiempo y esfuerzo entre las dos posibilidades y no deja de ser molesto para el usuario “ser agarrado” y levantado en el aire para sentarle en otro asiento o para tumbarle.

 

Con frecuencia, cuando se prescribe o recomienda una silla de ruedas, no se tiene en cuenta al asistente. El asistente puede ser un cuidador informal, como un familiar, o un asistente personal profesional. El asistente tiene que trabajar con el mínimo riesgo para evitar lesiones.

Por supuesto que también hay una diferencia de precio entre una silla que permite cambios de postura y otra que no. Pero al calcular el precio de los cambios posturales a lo largo del día hay que calcular también el precio del tiempo y del esfuerzo del asistente.

¿Quién puede necesitar una silla de ruedas con posibilidad de cambios de postura?

Es necesario realizar una valoración completa, tanto funcional como de necesidades, pero hay algunas “pistas” que nos ayudan a ver que la persona necesita una silla especial:

  • Tiene un pobre equilibrio sentada en la silla.
  • Tiene riesgo, o ya presenta, deformidades en la columna.
  • Siente dolor cuando está sentada.
  • No puede cambiar de postura por sí misma.
  • Necesita apoyos especiales para mantener la postura, proteger la piel y maximizar la función de los brazos.
  • Presenta edema en las piernas

En este blog podéis encontrar información sobre las distintas opciones de cambio de postura que pueden tener las sillas de ruedas. Estamos realizando una revisión bibliográfica sobre la evidencia científica de los distintos cambios de postura que ofrecen las sillas de ruedas y os la presentaremos cuando esté finalizada.

Por el momento, os dejo el enlace a un documento elaborado por RESNA (Rehabilitation Engineering and Assistive Technology Society of North America) sobre este tema: Posición de RESNA en la Aplicación de Inclinación, Reclinación y Elevación de los Reposapiernas para las Sillas de Ruedas.

Nota: En este documento, la palabra «inclinación» se refiere a lo que llamamos en España «basculación»,

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