Influencia de la silla de ruedas en el desarrollo del niño

 

La elección de una silla de ruedas para un niño plantea un problema adicional  a la de un adulto, pues los niños se encuentran en periodo de crecimiento y de desarrollo de sus capacidades psicomotoras; por ello, la silla debe darles la posibilidad de conocer y experimentar con su entorno, facilitando el desplazamiento de la forma más eficaz e independiente posible, ya que de ello dependerá su aprendizaje.

Caminar es saludable, siempre y cuando se haga de forma adecuada. No olvidemos que un niño está en proceso de desarrollo. La forma en la que caminamos corresponde a un patrón determinado: al dar un paso avanzamos la pierna y el brazo del lado contrario y la forma de poner el pie en el suelo también es de una forma determinada en casi todos los humanos. En la mayoría de métodos de rehabilitación, sobre todo cuando hay afectación cerebral, se enseña al niño a seguir las etapas del desarrollo normal para que su cerebro aprenda cuales son los movimientos a realizar.

Un niño no es capaz de caminar hasta que puede mantener un equilibrio adecuado, primero sentado, y después de pie, porque es necesario que la pelvis tenga la estabilidad y la movilidad necesarias. Si alteramos este patrón, por ejemplo caminando sin una correcta posición de la pelvis, todo el desarrollo se verá alterado, y al no ser una postura fisiológica y natural, con el tiempo el cuerpo se resentirá apareciendo dolores o deformidades. Con esto, no quiero decir que el niño no debe caminar si no lo hace con un patrón perfecto, sino que “caminar” a toda costa no siempre es lo mejor para el niño, y que a veces necesita una forma de desplazamiento alternativa.

La postura de pie estimula el crecimiento de los huesos de las piernas y favorece una buena posición de la articulación de la cadera, pero es necesario un apoyo para cuando el niño se cansa para que siga el ritmo de otros niños de su edad y pueda realizar muchas más actividades.

Hay una creencia bastante común, según la cual, si un niño utiliza una silla de ruedas, especialmente si esta tiene motor, el niño no querrá caminar porque la comodidad de desplazarse en una silla no le hará esforzarse. Pero casi todos los niños, tengan o no discapacidad quieren ir andando el mayor tiempo posible, porque les gusta explorar su entorno, y caminar, aunque sea con ayuda, les da más posibilidades de exploración.

En nuestra cultura occidental, todos los niños se desplazan en silla de ruedas, al principio siempre y luego para desplazamientos largos en los que, aunque anda sin dificultad, aún no tiene la fuerza y resistencia suficientes para caminar el tiempo necesario en determinadas actividades. En este aspecto, el niño con dificultad para caminar debe ser tratado como cualquier otro niño, es decir, utilizando la silla cuando no puede desplazarse con eficacia para realizar las actividades de su vida cotidiana.

Una parte muy importante del desarrollo de un niño es su posibilidad de relación con el entorno, porque el movimiento va unido al desarrollo cognitivo. La movilidad independiente ayuda a desarrollar la iniciativa y permite la elección personal. Es de vital importancia por lo tanto, para el desarrollo cognitivo y psicosocial de un niño pequeño, que él o ella pueda moverse con eficacia y de forma autónoma en su entorno desde una edad temprana.

Hay muchos modelos de sillas para niños; de una correcta elección dependerá la facilidad para el desplazamiento y la comodidad de los padres y del niño.

Algunos niños nunca serán capaces de caminar y sus actividades cotidianas las realizarán en su silla de ruedas, por lo que tendrá que proporcionárseles una silla de ruedas y un sistema de sedestación adecuados para que puedan desarrollar su independencia y maximizar sus capacidades.

Una provisión de la silla de ruedas apropiada en el momento adecuado puede maximizar la independencia, favorecer el proceso de rehabilitación y retrasar la aparición de deformidades posturales.

 

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