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Nuevos enfoques residenciales, espacios amigables y accesibles para personas mayores

17 - 06 - 2022

Tatiana Alemán Selva [1]

¿Dónde y cómo vivir? Son decisiones que tomamos al llegar a la edad adulta, pero al envejecer siguen siendo igual o más importantes. La mayoría de las personas escogería continuar viviendo en su propia casa, concibiendo la casa no sólo como la vivienda, también como el entorno que habitamos. El barrio o el pueblo y las referencias que tenemos del mismo (la cafetería, la panadería, la farmacia, el mercado, el centro de salud, los vecinos, etc.) forman parte de nuestra identidad personal. El apego a la vivienda tiene un significado social y emocional. Según Irene Lebrusán, “el envejecimiento en la propia casa ofrece continuidad respecto al ciclo vital, es una etapa más de la vida, y esto se percibe muy positivamente por las personas, que lo ven como una continuidad de su vida y no una ruptura”. Además, continuar residiendo en el mismo entorno ayuda a tener una percepción de seguridad, de pertenencia a un grupo, de continuidad de los vínculos familiares, sociales y de nuestra historia personal.

Sin embargo, el incremento de la esperanza de vida y del número de personas mayores, los diferentes modelos de familia y el sistema económico y productivo de nuestras sociedades hacen urgente y necesaria una planificación y un rediseño de los modelos de vivienda y residencias para personas mayores.

El II Barómetro del Consumidor Sénior elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, publicado en diciembre de 2021, revela que 6 de cada 10 personas de 55 y más años no tiene intención de cambiar de residencia en el futuro. Los mayores de 70 años son los menos dispuestos a cambiar de residencia. Además, el modelo residencial de “coliving” (34%) es la alternativa preferente después de la vivienda familiar (50%). Solo el 16% de encuestados viviría en una residencia para la tercera edad y el 10%, en un piso tutelado.

Pero el deseo de envejecer en casa no siempre es posible debido a diferentes factores. El primero es la privación o provisión inadecuada de servicios en la vivienda de las personas mayores, tal y como lo muestra el siguiente cuadro realizado a partir de datos del INE de 2011. Las carencias más importantes son el acceso a internet (69,72%), la accesibilidad (68,07%), el agua caliente (66,12%), el gas (49,69 %) y la calefacción (42,29%). Estos aspectos disminuyen no solo el confort en la vivienda, sino también la independencia funcional de la persona.

Cuadro 1: Mayores con privación o provisión inadecuada de servicios en su vivienda. España, 2011 Fuente: Lebrusán, Irene (2019). A partir de microdatos. Censo 2011 (INE)

Además de estas carencias, hay otros retos para envejecer en casa planteados por dificultades económicas, por la falta de acuerdo entre vecinos para acometer mejoras en el edificio, incluidas las de accesibilidad, y dificultades para acceder a ayudas públicas y servicios sociosanitarios. Estos se resumen en el siguiente cuadro.

Cuadro 2: Dificultades para envejecer en casa. Elaboración propia en base a datos de “La Vivienda en la vejez: problemas y estrategias para envejecer en casa”, Lebrusán, Irene (2019).

Para evitar este tipo de situaciones es necesaria la readaptación y rehabilitación del parque inmobiliario existente. A esto puede contribuir el actual Plan Estatal para el Acceso a la Vivienda 2022-2025, que incluye el Programa 11 de ayudas destinadas a la mejora de la accesibilidad de viviendas, tanto en su interior como a su acceso desde la calle. Pero también es imprescindible que las futuras viviendas se diseñen desde el origen con unos criterios de accesibilidad que faciliten su adaptación posterior, según las necesidades particulares de sus habitantes que evolucionarán a lo largo de la vida, sin tener que realizar una inversión elevada. Para esto último, el Plan incluye el Programa 7 de fomento de viviendas para para personas mayores o con discapacidad.

Con independencia del tipo de residencia para personas mayores, desde la vivienda particular con atención domiciliaria, viviendas colaborativas o “cohousing” u otros modelos residenciales con apoyos, estos deben desarrollarse a partir de los siguientes principios:

  • Considerar la heterogeneidad de las personas mayores, desde múltiples puntos de vista: económico, cultural, educativo, de condiciones de salud y necesidades de apoyo.
  • Tener en cuenta la perspectiva de género. Según datos del INE de 2021, a partir de los 80 años, hay un 34% más mujeres que hombres y esta cifra se incrementa en las personas de 100 y más años, donde 3 de cada 4 personas son mujeres.
  • Atender las necesidades habitacionales de las personas mayores desde una perspectiva de derechos humanos, poniendo a la persona en el centro, respetando sus deseos, preferencias y decisiones, a través de una relación de igual a igual.
  • Promover las capacidades de las personas mayores, una vida activa y significativa y su autonomía personal. Según Teresa Martínez, “esta última hace referencia a la garantía de que las personas, al margen de sus capacidades, puedan desarrollar un proyecto de vida basado en su identidad personal y tener control sobre el mismo”.

Desde el punto de vista de diseño arquitectónico y urbano, las personas deberían poder decidir dónde y cómo quieren vivir, en la medida que sus necesidades de apoyo aumentan. Se tiene que empezar por el diseño y construcción de las nuevas viviendas y seguir con el concepto de “vivienda para toda la vida”, con unas condiciones básicas de accesibilidad que aseguren la posibilidad de adaptar la vivienda para mantener su funcionalidad, incluso para personas con movilidad reducida. Por ejemplo, asegurando anchos mínimos en pasillos y puertas, previendo espacios e infraestructuras para la posible incorporación de productos de apoyo, y diseñando todas las zonas y servicios comunes con criterios de accesibilidad universal desde el origen.

En modelos residenciales específicos para personas mayores, es importante prestar atención a los siguientes aspectos:

1. Localización: en la medida de lo posible, su ubicación debe ser próxima a servicios comunitarios y públicos, incluyendo los servicios de transporte. Su localización debe permitir que sea un espacio integrado y abierto a la comunidad, por ejemplo, compartiendo jardines o zonas verdes o incluyendo en el propio edificio servicios dirigidos a la comunidad.

2. Definición del concepto de residencia: es importante reflexionar sobre qué tipo de edificio se necesita teniendo en cuenta el entorno y los futuros habitantes (materiales, eficiencia energética, sostenibilidad medioambiental, estética, etc.), qué espacios comunes deben preverse, qué actividades en grupo o individuales deben poderse realizar, qué equilibrio debe existir entre el espacio común y el espacio privado o qué espacios y servicios de apoyo y de mantenimiento de las instalaciones deben incorporarse al edificio, entre otros aspectos.

Foto2. Viviendas colaborativas Trabensol. Salón estancial en planta baja.

3. Tipo de vivienda individual: definir distintos tipos de viviendas, según las necesidades de accesibilidad y de apoyo de la persona que evolucionan con el tiempo. Esta debe permitir la opción de vivir en pareja o con una persona de apoyo. La vivienda debe incluir además de la o las habitaciones, una zona estancial, cocina y cuarto de baño completo. También debe contar con mucha luz natural, con vistas y estar abierta al exterior a través de balcones o de terrazas. Su diseño debe permitir la incorporación de productos de apoyo o tecnología domótica cuando se necesite, también facilitar su incorporación posterior sin un coste elevado. La vivienda debe poder ser personalizada y decorada por la persona que la habite.

Foto 3 y 4. Viviendas colaborativas Trabensol. Vivienda decorada por persona usuaria.

4. Áreas comunes: los espacios comunes deben facilitar el encuentro y la vida en comunidad y, a la vez, ofrecer rincones de recogimiento y tranquilidad. Deben facilitar los desplazamientos y la orientación de todas las personas, incluso de aquellas con movilidad reducida, con demencia o con problemas cognitivos.

5. Accesibilidad: el conjunto residencial debe cumplir con criterios de accesibilidad universal en accesos y circulaciones, en áreas comunes, jardines, estacionamientos cumpliendo las normativas estatales y autonómicas de accesibilidad. Las viviendas individuales deben diseñarse para que puedan adaptarse fácilmente según las necesidades de accesibilidad de sus habitantes cambiantes a lo largo del tiempo.

6. Diseño y decoración interior: tanto la vivienda como los espacios comunes deben tener una estética cálida con apariencia de hogar. En el diseño debe tenerse en cuenta los hábitos culturales de las personas que van a habitar los espacios e incluir referencias que les sean familiares. Es importante utilizar recursos de neuroarquitectura (luz, colores, altura de techos, paredes con formas curvas, criterios de “wayfinding”, etc.) para crear espacios confortables y estimulantes, que a la vez transmitan tranquilidad y alegría. Es importante cuidar la calidad ambiental del espacio para que invite a permanecer y a habitarlo.

Fotos 5, 6, Viviendas colaborativas Trabensol. Uso del color e imágenes en pasillos para crear referencias y facilitar la orientación a todas las personas.

7 y 8. Viviendas colaborativas Trabensol. Uso del color e imágenes en pasillos para crear referencias y facilitar la orientación a todas las personas.

7. Tecnología y productos de apoyo: la tecnología puede incorporarse para el conjunto del funcionamiento del edificio con criterios medioambientales, de eficiencia energética y control de entornos. También es un recurso para hacer los espacios más accesibles y fáciles de utilizar para los habitantes y las personas de apoyo, por ejemplo, a través de la incorporación de bucles magnéticos para usuarios de prótesis auditivas, sistemas de aviso y alarma (auditivos y visuales), sistemas domóticos de apertura de puertas, ventanas, persianas, toldos, etc. Y, por último, incorporar tecnología para la prevención de situaciones de riesgo y la gestión del propio centro.

8. Jardines y espacios al aire libre: la disponibilidad de zonas verdes y jardines, para pasear, hacer ejercicio, tomar el sol o reunirse con otras personas al aire libre, contribuye a promover una vida activa entre los residentes y puede ser terapéutico. A la hora de diseñar el conjunto residencial es importante reservar espacios para crear jardines como parte de los espacios comunes del edificio, y si es posible, con acceso a estos desde las propias viviendas.

9. Incluir espacios y tecnología que facilite el cuidado: es necesario prever las futuras necesidades de los habitantes, sabiendo que estos seguirán envejeciendo y que algunos podrán tener en el futuro mayores necesidades de apoyo por desarrollar una demencia, por problemas de movilidad u otras situaciones.

Fotos 9 y 10. Viviendas colaborativas Trabensol. Balcones integrados en las viviendas con vistas a jardines y áreas verdes.

Además de las recomendaciones antes planteadas, es importante recordar que hacer un espacio residencial que estimule las capacidades de las personas, promueva su participación, su autonomía personal y vida activa en comunidad no solo depende de cómo se diseña y construye el entorno físico. A este deben agregarse unos servicios sociales y sanitarios coordinados, apoyos familiares, comunitarios y profesionales que pongan a la persona en el centro y promuevan una cultura de solidaridad y de apoyo mutuo entre iguales.

El entorno físico y social que habitamos, nuestra casa, debe cubrir nuestras necesidades fisiológicas, necesidades de seguridad, necesidades de pertenencia, de afecto y de autorrealización.

Bibliografía

Lebrusán, Irene (2019). La vivienda en la vejez: problemas y estrategias para envejecer en sociedad. CSIC Madrid.

Martínez, Teresa (2013). La Autonomía Personal según la Atención Centrada en la Persona. Disponible en: www.acpgerontologia.com.

CEDID, (2022). Normativa sobre accesibilidad, estatal y autonómica. Disponible en: https://www.siis.net/documentos/ficha/573172.pdf

Rodríguez, Pilar (2012). Innovaciones en residencias para personas en situación de dependencia. Fundación Caser para la dependencia, Madrid.

Palacio, Juan Fernández et al. (2021). II Barómetro del Consumidor Senior, Economía Plateada. Instituto de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE, Madrid. Disponible en:https://ageingnomics.fundacionmapfre.org/publicaciones/ii-barometro-del-consumidor-senior/

Peinado Margalef, Nieves (2022). Ayudas Económicas para la Accesibilidad a la Vivienda 2022-2025. Blog del Ceapat (Centro de Referencia Estatal de Autonomía Personal y Ayudas Técnicas), Madrid. Disponible en: https://blogceapat.imserso.es/web/blog-ceapat/-/ayudas-econ%C3%B3micas-para-la-accesibilidad-de-las-viviendas-2022-2025

Artículo elaborado por Tatiana Alemán Selva, arquitecta y directora gerente del Ceapat para la publicación de la Madrid Accessibility Week (MAW) 2022 (Madrid Accessibility Week (MAW) | Master de Accesibilidad para Smart City (ujaen.es) ).

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